Salario mínimo y TRM: el doble desafío que reta la competitividad en Colombia

El 2026 comenzó con un panorama retador para cualquier negocio de frutas de exportación: un salario mínimo (SMMLV) que crece muy por encima de la fórmula técnica (inflación del año anterior + productividad) y una tasa de cambio más baja. Dos fuerzas que, combinadas, presionarán los márgenes de las empresas colombianas.

En productos como el aguacate Hass, cumplir certificaciones y protocolos de exportación exige generar empleo formal a lo largo de la cadena (campo, postcosecha y áreas administrativas). Aunque un trabajador con salario superior al mínimo podría recibir incrementos por debajo del 23,7%, es posible que en algunas empresas la curva salarial tenga que ajustarse al alza para mantener la estructura jerárquica y una coherencia en la compensación salarial. Para 2026 el SMMLV en Colombia llegó a COP 2 millones por una jornada laboral más corta (+27,5% en salario/hora). Este incremento afectaría directamente el costo de mano de obra, que, según CorpoHass, representaba cerca del 40-45% de los costos de producción. En cálculos rápidos, esto podría reducir el margen EBITDA de las empresas aguacateras en 4 puntos porcentuales.

En segundo lugar, el impacto para este año viene por la tasa de cambio. Según las proyecciones de nuestra área macroeconómica, la TRM para 2026 se ubicará en un promedio de COP 3.878 por dólar, por debajo del promedio 2025 de 4.054. Esto significa que por cada USD 1 mn facturado, las empresas podrían recibir COP 176 mn menos que el año anterior. Para un sector que exportó USD 349 mn a noviembre de 2025, la diferencia agregada sería de COP 61.500 mn.

Ante este panorama, la gestión del riesgo cambiario cobra relevancia. Un gran número de instituciones financieras ofrece a sus clientes mecanismos para mitigar la volatilidad, como coberturas que permiten asegurar tasas de cambio futuras que den mayor seguridad al flujo de caja. Estas herramientas, bien utilizadas, pueden marcar la diferencia en escenarios donde la TRM se mueve en contra del negocio. Lo importante es entender que, si la tasa rebota por encima del nivel cubierto, no se trata de una pérdida: la cobertura asegura una tasa de cambio que da previsibilidad al flujo de caja y cumple con el presupuesto establecido. 

Un tercer impacto, indirecto, para este año, es la presión del nuevo salario mínimo sobre la inflación. En respuesta a la posible subida de inflación, la tasa de política monetaria podría subir más de lo previsto y superar el 10% hacia finales de 2026 e inicios de 2027 (hoy se encuentra en 9.5%). ¿Qué implica esto para el sector? Dado que la mayoría de los créditos agropecuarios están en tasa variable, el costo financiero aumentaría justo cuando la caja se ajusta por mayores costos y una TRM más baja.

Es en los momentos de caja ajustada donde realmente se identifican oportunidades para hacer eficiencias. Este año puede marcar la diferencia entre empresas que se adaptan y aquellas que se rezagan, especialmente en la implementación de prácticas más eficientes en el cultivo y la operación. Y, por supuesto, las estrategias que permitan vender a mejores precios —ya sea mediante diversificación de mercados o transformación de fruta— serán fundamentales para compensar las presiones externas y sostener la rentabilidad.

Daniel Jiménez Cardona
Dirección de Investigaciones Sectoriales Agroindustria
Bancolombia
dajimen@bancolombia.com.co