Estamos a las puertas de las próximas diez semanas más intensas de la campaña ecuatoriana de aguacate. Se acerca nuestro punto máximo de producción y exportación. Y no es un dato menor: este ha sido un año inusual. Tradicionalmente, el mayor volumen se concentra entre finales de enero y febrero. Esta vez, el calendario se ha movido y con él también nuestras certezas.
Confieso que hubo dudas. Cuando uno sabe que otros orígenes se traslapan antes de enero y después de febrero, es inevitable preguntarse si el timing jugará a favor o en contra. No somos —todavía— un gran jugador global. Somos un origen en crecimiento, un país que avanza paso a paso, con disciplina y visión de largo plazo. Y justamente por eso cada decisión pesa.
Sin embargo, la coyuntura nos ha puesto frente a una oportunidad que hace algunos años parecía lejana. El mercado está mirando a Ecuador con un interés real. No por casualidad, sino por calidad. Por consistencia. Por el trabajo que se ha venido haciendo como país. Y también, hay que decirlo, porque el contexto internacional ha cambiado.
Los problemas productivos en orígenes de cercanía como Marruecos, España o Israel, y el cierre progresivo de campañas como la de Colombia, han reconfigurado el tablero. En ese escenario, Ecuador ya no es una alternativa marginal. Es un origen que hay que considerar, que está disponible y que responde.
Hoy tenemos la oportunidad de confirmar esa confianza. No se trata solo de vender bien estas diez semanas; se trata de consolidarnos. De demostrar que, más allá de lo que ocurra en otros países, Ecuador puede ser un socio confiable y competitivo. Lo que logremos ahora será la base para la próxima campaña, cuando el volumen sea mayor y la exigencia también.
Hay otro factor que juega a favor: las señales de precio. La información de clientes, del mercado y de distintos portales indica que los valores tenderían a sostenerse, al menos hasta abril. Esto nos da margen. Nos permite pensar estratégicamente en destinos que antes veíamos con mayor cautela. Parte de la producción que tradicionalmente se colocaba en mercados cercanos hoy puede explorar Europa y Asia con mejores perspectivas.
Pero no todo es contexto externo. Internamente, esta campaña confirma avances concretos. Hemos reducido el descarte y aumentado la proporción de fruta en calibres medianos y grandes. Aún hay remanentes de calibres pequeños, sí. Y el mercado cambia con rapidez. Hoy, paradójicamente, los calibres pequeños encuentran oportunidades ante la escasez de fruta grande en varios destinos. El desafío será leer bien esa ventana y actuar con agilidad.
En paralelo, el mercado local también será puesto a prueba. Las próximas seis semanas de salidas intensas reconfigurarán la oferta interna. Hasta ahora, los precios se han sostenido, aunque es razonable anticipar ajustes puntuales. Luego vendrá una etapa de abastecimiento más equilibrado post-campaña, que debería dar cierta estabilidad en las semanas siguientes.
Estamos, entonces, ante un momento bisagra. Ecuador no solo está exportando más; está construyendo reputación. Y eso se gana campaña tras campaña, caja tras caja, cliente tras cliente.
Las próximas diez semanas no definirán únicamente un resultado comercial. Definirán si damos el salto definitivo hacia la consolidación como origen relevante en el mapa global del aguacate.
El mercado ya nos está mirando. Ahora nos toca confirmar que puede contar con nosotros.
Santiago Pinto
Director Iteranza
spinto@interanza.com
Ecuador






