Las condiciones climáticas son, sin duda, uno de los factores más determinantes en el desempeño del cultivo de la palta. Temperaturas adecuadas, una humedad relativa favorable, una calidad de agua deseada, y suelos sueltos, influyen directamente en la tasa de crecimiento del fruto, en la eficiencia del uso de recursos y en la calidad final de la fruta. Cuando estas variables se alinean, el potencial productivo del cultivo se expresa con mayor claridad, siempre que exista una gestión agronómica sólida que acompañe este escenario.
Un ejemplo de ello es lo que se viene observando actualmente en la zona de Olmos, al norte del Perú. Profesionales del sector coinciden en que diciembre se ha presentado como un mes fresco, con temperaturas mínimas y máximas adecuadas, así como una humedad relativa todavía propicia para el crecimiento del fruto.
El clima, como variable estructural del negocio agrícola, juega además un rol central en la conversación sobre sostenibilidad y huella de carbono. Condiciones climáticas adecuadas permiten una producción más eficiente, reduciendo el uso innecesario de agua, energía e insumos, y con ello las emisiones asociadas. De otro lado, gestionar responsablemente los recursos naturales contribuye a prevenir, mitigar y manejar los impactos hacia el medio ambiente. En este sentido, la gestión climática y agronómica no solo impacta en el rendimiento, sino también en el desempeño ambiental del cultivo de palta y del enfoque para la gestión de riesgo.
Cada vez más empresas agroexportadoras de palta vienen alineando sus políticas y procesos a estándares internacionales, no solo como un ejercicio de cumplimiento, sino como una herramienta para fortalecer su competitividad y resiliencia frente al cambio climático. Este enfoque es también valorado por el sector financiero, donde los préstamos vinculados a la sostenibilidad ganan protagonismo. Las compañías que demuestran una gestión sólida de sus riesgos ambientales y climáticos, alineada a criterios ESG y a estándares como los del IFC, acceden a mejores condiciones de financiamiento y a relaciones de largo plazo con inversionistas responsables.
Aquí, por ejemplo, cobra especial relevancia la Norma de Desempeño 3 del IFC, enfocada en la eficiencia en el uso de los recursos y la prevención de la contaminación. Esta norma promueve prácticas orientadas a optimizar el consumo de agua y energía, mejorar la eficiencia de los sistemas productivos, reducir emisiones de gases de efecto invernadero y gestionar adecuadamente los residuos y efluentes. En el contexto del cultivo de palta, somos testigos que esto se traduce en implementación de mejoras como: riegos más eficientes, fertirrigación ajustada o uso de fertilizantes líquidos ecológicos, uso responsable de insumos, incorporación de tecnologías de monitoreo, uso de vehículos con energía sostenible y una visión preventiva frente a los impactos ambientales.
Se consolida así un círculo virtuoso donde la gestión técnica y ambiental de alto nivel, fortalecen la sostenibilidad del negocio paltero. Se reducen impactos, mejora la eficiencia, se accede a financiamiento sostenible y se sigue invirtiendo en tecnología e innovación. El sector de la palta continúa demostrando que el profesionalismo y la sostenibilidad avanzan de la mano hacia un crecimiento sólido y responsable.
Leslie Sarná Roedenbeck
Gerente general
Leal Inversiones y Consultorías
leslie@agroleal.pro





